Me pregunto qué Significados Ocultos sacará la gente de la siguiente conversación:
—Ahora va a venir una amiga mía... (pausa y mohín, algo así como si una morsa hubiese sumergido de pronto sus bigotes en alquitrán)... heterosexual.
—Gracias a Dios —me persigno—, una persona normal en este Carnaval de Horrores.
Cuando llega la que tú creías que era "Una Persona Normal" (que Dios me conserve la inocencia y la candidez por Muchos Años), y descubres a un ejemplar único —afortunadamente— salido de una sima, con dos costurones sobre los labios, ojos de pez (abisal, no me cabe la menor duda), una voz que parece el resultado de frotar cristales rotos sobre una pizarra, una figurilla de Tanagra en toda regla —y no, querida, no es un halago— y con una actitud... en fin, una actitud que quedaría muy bien en un camionero de Kentucky, adicto al pollo frito y las camisas de franela, pero no en una Dama; pues, claro, se te cae el mundo a los pies y los palos de la pamela a los Manolos.
Intentar dialogar con un especímen semejante era, a todas luces, una labor que excedía todas mis capacidades, de modo que renuncié y miré a mi alrededor, en busca de ayuda (Una Chica Como Yo siempre que mira alrededor es que busca ayuda o un patrocinador). Nunca debí hacer semejante cosa: una marica peruana y otra, venezolana, especializadas en la técnica del vibratto elevada a su enésima y más turbadora potencia no son La Compañía que yo le exijo a Una Noche para que resulte inolvidable; ni siquiera mínimamente aceptable. Cerré los ojos, intenté cerrar los tímpanos (y los esfínteres) y me encomendé al Niño Jesús de Praga, que para este tipo de situaciones tiene muy buena mano.
Pero, claro, todo tiene un límite. Y ese límite está cuando Una Desconocida Espantosa te grita "mamarracha" y "chocho" por decimotercera vez. Si el límite no está ahí, que venga Dios y lo vea.
De modo que Yo, ni corta ni perezosa, dry martini en mano, la miró de arriba abajo y, achinando los ojos como Louise Hay tras su (pen)último lifting, le pregunto con mi mejor sonrisa:
—¿Y tú, bonita-querida-tesoro-cariño-corazón-amor-vida, para QUÉ te has operado del labio leporino si no tenías nada realmente interesante que decir?
El Especímen Degradado y Soez se puso como la grana —cianótica, creo que es la palabra correcta— y, ni corta ni perezosa (dos cosas que al parecer no era, en oposición a Ordinaria, Cargante y Sórdida, que lo era un rato largo), empezó a vilipendiarme con el lenguaje más patibulario. Hasta que ya, en un paroxismo de ofendida dignidad —jajajajaja—, estalló:
—Dios mío, y a mí que X. (ese alguien, en minúscula, que hoy me ha llamado para... para lo que quiera que haya llamado; no me interesa lo más mínimo) me había dicho que eras Una Tía De Puta Madre.
Si mi madre llega a escuchar semejante expresión le da una embolia. Yo, con los ojos ya como dos meras rendijas, me acerqué al personaje en cuestión y le escupí:
—¿Sí? Vaya por Dios, pues a mi me había dicho que tú eras una chica muy simpática... y heterosexual. Ya ves, al parecer nos ha mentido a las dos. Vaya, vaya, X., eres un pillo.
Apuré el dry-martini de un trago y me di la vuelta:
—Ahora, querida, me temo que tendrás que perdonarme. Me veo obligada a abandonarte. Es que tengo que retirarme a mis aposentos para hacerme una lobotomía... Lo digo por si mañana nos encontramos por casualidad en la calle. Dios no lo quiera. Nunca me he cambiado de acera, pero eres de ese tipo de personas por las que cruzaría hasta el Potomac.
Al parecer, Alguien y el Especímen se sintieron heridos en lo más vivo (el maquillaje o la laca de uñas, supongo) y decidieron que Yo no era Una Persona de Puta Madre. Efectivamente, NUNCA lo he sido.
Mañana más.
Bueno eso de que no eres sera segun para quien, para mi eres un ser sensible y como dicen en el Sur Buena Gente BESOS MIL