Mi madre, sentada en un estrado isabelino (auténtico), hojea una revista de gastronomía bajo el retrato de su madre, pintada por un postimpresionista catalán con el traje regional (rumano) por algún tipo de oscura perversión étnica de indescifrable origen. De pronto, se detiene en una fotografía de un pub londinense, frecuentado por jóvenes de apariencia inequívocamente metrosexual (mechas, pieles satinadas por una reciente mascarilla exfoliante, impecable estilismo, zapatos de firma). Frune el ceño y, ahuecando los labios sobre un dedo admonitorio, susurra:

-Detecto una cierta alegría en esta foto.

Yo, en cambio, no detecto la menor ironía en su voz.

II
Me tumbo en un diván reconvertido en cama turca por obra y gracia de los chales, los cojines y la buena voluntad de Bonne Maman, decoradora entusiasta pero acaso demasiado enfática (no, queridos, entusiamo y énfasis no tienen por qué ser lo mismo y, de hecho, rara vez lo son). Leo casi de una tacada 500 páginas de "Poderes terrenales". Aún me quedan otras 500 para llegar a la última página. Me parece una novela fascinante y muy, muy divertida, con una visión de la realidad bastante similar a la mía. Al parecer, Anthony Burgess y Yo podríamos haber ido de copas en amable comandita (probablemente, hubiésemos acabado en el hospital, pero esa es otra historia).

Durante casi 48 horas, el señor Burgess me parece más real que mi propia familia. Lo que me trae a la memoria la cruel cita de Madame du Deffand sobre sus parientes.

III
La piccola principessa entra corriendo en el comedor de invierno, con un globo lleno de helio en la mano (macabras remembranzas del Hindenburg atraviesan mi cabeza como un diorama del 11-M en versión art-decó):

-He visto a la Virgen Llorona y al Bello Durmiente.

Y luego habrá quien se rasgue las vestiduras por que en los colegios la religión se imparta como asignatura obligatoria.

IV
La Infanta C. me cuenta cómo dos amigas le recriminan que no sea una MC (Mujer Completa, o sea, autosuficiente). Qué significa eso?

-Que llamo a los hombres por teléfono.

-O sea, que según A. deberías...

-...Utilizar señales de humo, supongo.

-En ese caso, querida, no abandones el tabaco. Jamás.

V
Abro la ventana y contemplo el panorama. Cierro la ventana y escribo: "La Ciudad-Mausoleo, más funérea que nunca". Nunca nunca es nunca (es nunca es nunca es nunca, ¿verdad, Gertie, querida? O sea, todo puede cambiar. A peor).

VI
El Rey en el exilio pregunta, con una sombra de inquietud: "¿Estás mejor?" Sí, claro, como una debutante en su primer aborto.

Mañana más.