Pero QUÉ pasa en este Madrid?!  Ayer cené con mi ex marido. La verdad es que, tal y como le he dicho una y mil veces, Yo soy súper fan de mi ex marido, el Mozart de los ex maridos. Después de él todo, todo, todo -lo sé- es decadencia. No me importa. Bueno, sí que me importa, pero qué se la va a hacer... C'est la vie!

Mi ex marido tiene la cara en forma de corazón y el pelo, un poco a lo Príncipe Valiente (pero sin flequillo y sin los problemas de alcoholismo de Robert Wagner, porque, entre otras cosas, mi ex marido es un ejemplo de sobriedad), surcado de mechas naturales de color blanco ígneo. La boca, a juego con la cara, también tiene forma de corazón (un corazón dentro de otro... dentro de otro, porque mi marido, a pesar de su flema británica, es capaz de grandes pasiones), y a menudo la contrae en un puchero involuntario, sobre todo cuando duerme (mi ex marido tiene un sueño maravilloso; es lo que más echo de menos de mi matrimonio: verlo hacer pucheros mientras duerme a pierna suelta... Ésa es otra: mi ex marido tiene muy buena pierna; dos, porque mi marido no es ningún monstruo). Sus ojos, de color acero, son su punto fuerte; como el acero, pueden ser impenetrables, pero por regla habitual tiene una mirada bastante risueña que se transforma en sentencias casi epigramáticas que podrían pintarse con papel de oro en los techos de un gabinete de lectura. Porque mi ex marido, y esto es lo que me decidió a dar el salto y calzarme la alianza, es un PS (Pozo de Sabiduría), sobre todo en algunos temas, como la Historia y el Grupo de Bloomsbury. Como digo, soy muy fan de mi ex marido.

En fin, el caso es que ayer cenamos, porque llevábamos casi dos semanas, si no más, sin vernos y nosotros somos de ese tipo de ex matrimonios (enfermizos, lo sé) que se ven casi una vez a la semana. Yo es que, además de fan, soy un poco ex-marido-dependiente, porque, para mí, mi ex marido es un RM (Referente Moral) y si no lo veo corro el riesgo de perderme en los vericuetos de las alcantarillas. Es viéndolo y ya estoy de lo más perdu...

Bueno, pues allí estábamos ambos, sentados en una mesa divina, en una plaza divina (la de Olavide), cenando, divinos ambos -porque mi ex marido era ya metrosexual muuuuucho antes de que algún periodista marica acuñase ese mito contemporáneo-, cuando miro a mí alrededor... ¿y QUÉ veo? Pues que a mi derecha un par de gays -nada de metrosexuales, maricas de los pies a la cabeza, pasando por el bolso-, que tras una espasmódica coreografía de besos y abrazos, prácticamente se hacen una felación en público (no es que me importe, pero no era el momento); a mi izquierda, dos tijeritas -una de ellas, podadora-, dirimiendo sus problemas conyugales ("se acabó lo de compartir lencería, guapa"); un poco más allá, una mesa infestada de maquilladoras y sus chapero-ayudantes, riendo a carcajadas con el antiestilismo de la dueña y... ¿Para qué seguir? Otro Gólgota homosexual de lo más activo.

-Esto es un complot. ¡Estamos rodeados! Pero esto qué es... ¿Chueca?

Pues no. Esto es Chamberí. Zona nacional. Y están aquí. También han llegado aquí... Lo que Yo digo: el mundo se precipita hacia su autodestrucción. A este paso, el próximo Papa sale al balcón de San Pedro para impartir la bendición Urbi et Orbi con un alzacuellos rosa. ¿O ya lo lleva?

Mañana más.