Bueno, pues, intertextualizando al señor Wilson, diré que últimamente ha aparecido en mi vida un curioso fenómeno meteorológico conocido por el Espectro de Brocken: una sombra humana impelida en la niebla de tal manera que parece monstruosa y remota cuando bien pudiera, en realidad, estar bastante a mano y rodeada por un halo iridiscente.

Ese Espectro responde al nombre de… En fin, seré Mujer Educada y correré un tupido velo sobre ese dato (que Sí viene al caso, pero me reservo). I mean, cuando a una persona le dejas bastante claro, mediante una vaga referencia a la lobotomía, que tu impresión general acerca de su altura intelectual es la misma que la que te inspira un armadillo desollado y convertido en bolso, pues Una cree que la dejarán en Paz y Armonía. Falso. Falso, falso, falso.

Esa persona (no, persona no; persona nunca) da un nuevo sentido a las palabras Narcisismo, Megalomanía y Mala Educación (y Ordinariez, y Zafiedad, y Analfabetismo, y Mendacidad, y… En fin, ¿para qué seguir?). Ese Être Grotesque deja a Eva Harrington a la altura del betún de Judea. Pero lo siento, darling, Yo no soy Margo Channing. Yo soy María de Rumanía y a mí no me la das con queso: si quieres Utilizarme para tus más depravadas fantasías nilóticas (que incluyen –seguro– visitas al Submundo y a las Catacumbas del Placer), ya puedes ir comprándote una silla de anea y sentándote en ella, porque estoy convencida de que Eres Propenso a las Varices.

No, no y no. Estoy harta de ser buena. El Être ha pasado a la Historia. Hija, qué quieres que te diga. Ya estoy muy mayor para aguantar ciertas cosas. Su amigos, por ejemplo. Un Carnaval de Horrores.

Mañana más.