La pequeña Suad desmenuza una galleta dentro de un vaso de leche, y luego otra, y otra más hasta que forma una papilla que podrá comer a cucharadas. Eres una niña preciosa le digo en mi espantoso árabe, y su sonrisa conforma un oasis de palomas en la cafetería del hospital. Lo que en un principio tomé por dos encantadores hoyuelos que se le formaban en las mejillas cuando sonreía, son en realidad cortesía de un francotirador israelí. La bala le entró por un lado de la cara y le salió por el otro, llevándose de paso consigo media lengua y la mayoría de las muelas. Pero vista desde fuera su sonrisa es perfecta. Como el mundo.

Los médicos advierten que no podrán vitaminar a los pequeños mientras no ganen un poco de peso, así que reciben un menú especial hipercalórico. Hoy en el comedor se han refugiado aparatosamente debajo de la larga mesa cuando un helicóptero del servicio de extinción de incendios forestales ha pasado sobre nuestras cabezas preñado de agua. Varias decenas de manitas y ojos aterrados me hacían señas desde debajo de la mesa para que me pusiera a cubierto junto a ellos.

Camino de las cabañas siento una manita que me tira de la camisa. Levanto al pequeñísimo Ismael y me lo subo a hombros. Sé que ya no se me va a despegar en toda la mañana. Hace unos años un comando israelí asaltó su casa para detener al padre de Ismael, un conocido activista de Al-Fatah. No le encontraron en casa así que, para aprovechar el viaje, se llevaron detenida a la madre de Ismael, dejando a éste completamente solo en la granja. Tenía tres años. Una vecina le encontró seis días más tarde escondido en el establo: el pequeño había sobrevivido bebiendo el agua de las gallinas y comiendo excrementos de cabra. Nunca más supo de su madre y cree que su padre es un gran guerrero que lucha lejos por la libertad de su pueblo. Ismael sufre violentos ataques de pánico si se queda solo aunque sea un instante.

Sentado en uno de los bancos del recinto encuentro a un niño, esta vez español, que llora desconsoladamente y cuelga el teléfono móvil con una amargura que me lleva a preguntarle si puedo ayudarle en algo. La videoconsola portátil se le ha quedado sin baterías y sus padres no vendrán a visitarle hasta el domingo para traerle unas nuevas. Oigo allá abajo los gritos y las risas de mis niños de arena. Llevan media tarde jugando con un par de globos llenos de agua. Pienso que hay víctimas y víctimas.

Tawil discute indignado junto a sus compañeros mientras forman los dos equipos para jugar al fútbol. Del otoño pasado lo último que recuerda es a su madre llamándole a lo lejos para comer cuando el tanque israelí apareció desde la nada. Tawil tiene ahora un trozo de metralla alojado en la columna vertebral. Los médicos no se han atrevido a tocarle pero advierten que tarde o temprano habrá que hacerlo porque conforme el niño vaya creciendo la metralla se irá incrustando cada vez más hasta afectar a la médula y dejarle parapléjico. Pero en estos instantes su protesta es porque le ha tocado ser portero de su equipo. Y a él ese puesto le parece aburrido.

¿Puede haber algo peor que volver de la escuela y ponerte a buscar entre escombros el cuerpo de tu madre? La pequeña Jalifa piensa que sí: volver de la escuela, ponerte a buscar entre los escombros el cuerpo de tu madre y encontrar el cuerpo de tu padre a quien aún hacías privado de libertad en una lejana prisión israelí.

Son mis valientes niños de arena, con el alma enredada en alambres de espino y la sonrisa cabalgando a lomos de un trozo de pan. Con la cara sucia y las manos limpias.

ESTOS SON LOS NINHOS QUE LLEVA GABYI  A ESPANHA DESDE PALESTINA EN SU ULTIMO VIAJE,QUIZAS PARA MUCHOS; HAYA SIDO EL ÚNICO VIAJE DE SU VIDA.

CHAPEAU  Y APLAUSO DE PIÉ PARA GABIROL Y SUS COMPANHEROS!!!!

BENDITO SEAS GABIROL!!!!!!!!

Ochenta niños palestinos llegan a España en unas vacaciones por la paz

Ochenta niñas y niños palestinos llegarán el martes, día 22, al aeropuerto de Madrid-Barajas gracias al programa Vacaciones para la Paz, y disfrutar así de un mes de campamentos de convivencia, según ha informado la ONG Paz Ahora, promotora de esta iniciativa.

Según ha afirmado la organización los destinos escogidos, son las islas Canarias, Cataluña, Valencia, Euskadi, Galicia, Extremadura y Andalucía (Málaga y Marinaleda) para estos menores, que proceden de campos de refugiados en Palestina.

En grupos de diez, disfrutarán del verano en campamentos de las citadas localidades hasta el 16 de agosto, fecha en la que está previsto regresen de nuevo a la capital española, donde permanecerán varios días.

Al parecer, para poder llegar, y siempre según la misma fuente, tienen que pasar "numerosas calamidades" en cada uno de los puestos de control militar que crucen, y luego al pasar la frontera para poder salir de su país, es habitual que "sean retenidos durante horas, cacheados y sus equipajes registrados".

Los menores llegarán acompañados de 15 monitores y maestros y estarán en España hasta el 23 de agosto, de acuerdo con el programa facilitado.