La que no quiero ser

La inmune al pecado del prójimo
La que se escandalice ante el delito ajeno
La que no tuvo jamás un plato roto
La perfecta marioneta de la majada
La sin mancha, la admirable, la parida sin dolor
La que malverse la herencia del redaño de mamá
La que prefiera el sex appeal del espíritu
La que cierra todos los botones de la camisa
La caricatura decente de la mujer decente
La que entierre el talento de la sonrisa
La que no tiene rodadas yonkis
La que los marginales traten de usted
La que se vista de virgen milagrosa
La que acopia maná en el jardín
La que alquile el cielo por buena conducta
La que desconoce la cicuta del insomnio
La que no recuerde ser persona
La que recibió en domicilio un carné de esposa
La de siempre, la de luego, la de mañana
La que derroche vitalidad en la rutina
La que nunca se fugó de una escuela
La de los lunes de prisa irracional
La que disperse la procesión que va por dentro
La señora “ocultapecados” tras el RayBan
La madre de Carrie While
La que se crucifique en el Sinaí a pedido de Moisés
La que aprenda a merecer antes que a necesitar
La vacía que se llene con reglamentos
La que nunca se ahogó en ninguna libertad
La que certifique que nunca fue una esclava
La que marque éxitos en el calendario
La epicúrea y la estoica que dialogan civilizadamente
La que no padece magullones en la honra
La que en el infierno pida una audiencia con el Dante
La creyente turista que sólo ve un hermoso paisaje
La ecuménica del gato por liebre
La propaladora de certezas incontestables
La de conciencia compartida con la mayoría
La chapucera dictabiblias al revés
La del perdón en constante estado amateur
La adoradora de ideologías
La viuda de los sistemas eclesiásticos
La cocinera del púlpito americano
La impecable que no ofende ni con la tos
La que tenga de hermano solamente a un Abel
La que no agonice en ninguna lucha
La profesional de la fe